antonio marin segovia, españa
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Antonio Marín Segovia
Homenaje a Julio Cortázar
Abandonada como un silencio interminable todas las noches te encuentro... y no puedo dejar de mirarte para comprobar si mis manos pueden sentirte, pueden dibujarte cuando tu desnudez me besa, me llena de sueños ligeramente tibios...
Y es verdad. Sí, es verdad. No hay miedo en mis ojos cuando te encuentro entera, despierta gracias al sueño que tus abrazos regalan... y podemos, ahora y siempre, andar y recorrer las calles juntos. Son las avenidas, los callejones, las plazas, las calles esos nuevos bosques, esos nuevos oceános, esos desiertos donde la velocidad, el ruido, la indiferencia y el cemento conviven gracias a nuestra creciente incapacidad para ser dueños de nuestros palabras. Somos tan huecos, tan incapaces de poder expresar nuestros deseos más sencillos, simples... Tantas palabras, tantas cosas, tantos olvidos y seguimos sin saber vivir enteros, unidos a nuestra piel...
Hoy, he descubierto, al verte de nuevo, que soy todavía muy niño para ser tu amigo... Necesitamos, niña mía, bañarnos de fiestas y de anhelos... Necesitamos vestirnos de misterios desordenados y futuros; es bueno perdernos ahora y siempre dentro de una naranja, dentro del aroma de un cafe matinal o de un abrazo inesperado...
A pesar de mis temores, voy a seguir escribiéndote y enviándote a escondidas (con los envoltorios más imposibles) mis pequeños divertimentos, mis disparates precipitados, coronados de nubes y sol estival... Es una forma de sentirme igual, tan risueño como el sol a las 9 de la mañana: rotundamente joven, preparado para contemplarte sin prisas, preparado para huir en busca de cien Troyas y quinientas Itacas...
Es posible que mis palabras se rompan sin querer o no te encuentren... También puede que mis pobres y tercas palabras (que no puedes ver escritas ahora en los muros de nuestra ciudad), las sientas siempre dentro, muy dentro. Uno, al escribir o al amar debe procurar producir el mismo efecto benéfico que las medicinas milagrosas inventadas por aquellos nativos, por los hechiceros de antaño, por las mujeres de mirada brumosa y que no tienen sombra ni pasado... Necesitamos sanar y repartir gratuitamente nuestra alegría, nuestro bienestar a todo lo que nos rodea... Esa es la misión del hacedor de belleza, del aventurero... Esa es la misión de un escribidor, de un anónimo paseante que aspira a convertirse en Cronopio, eternamente disfrazado de noche, risas, asombro y veranos feroces...
Sí. Es cierto todo lo que piensas ahora; es cierto todo lo que no puedes olvidar. Siempre es verdad lo que no dices y lo que sientes dentro, muy dentro. Puede que el amor y la pasión siempre necesiten del juego y de los encuentros inesperados para sentirnos nuevos y limpios... eternamente necesitamos ser fiesta que vuela y se abraza en los besos desnudos de un sueño, de un sueño lleno de niños grandes...
Abandonada como un silencio interminable todas las noches te encuentro... y soy un niño que vuela en tu desnudez al abrazarte en tus besos: y no necesito de la eternidad ni de las palabras... no quiero ángeles ni plegarias para verte entera...
Ahora, después de olvidar para que vuelan los pájaros y duermen los gatos, que me voy a pasear, incendiado y lleno de de la piel que el mar dibuja cuando un niño muere lejos, sin risas ni pan....
Soy yo el que conoce su sabor al despertar... y nunca me veo tejido de sombras ni robando reflejos. No soy, tampoco, cajas cerradas o sueños rotos de una primavera pasada...
Yo vivo en la brisa de los futuros, en los deseos que se anudan a los pies de los ríos... Y espero sin desesperar que la Maga pueda jugar y correr dentro de mis silencios (y hay tantas Magas que no hay palacio ni castillo para que puedan bailar y bailar durante cien noches, durante quinientas mañanas, durante un suspiro, durante los llantos de la Luna en marzo).
Espero que usted, amiga mía acepte las presentes salutaciones y comparta mis ojos... No hace falta que desnude su altura, que susurre sus sueños. No precisamos escuchar los secretos de su infancia, la música que la despierta cada mañana... Tenemos tiempo para inventarnos un barco o una torre llena de lluvias y cansados muebles...
Ya sabe usted que es una sorpresa hablar y callar a su lado... Siempre es bueno, muy bueno, subir las escaleras que nos llevan hasta las caricias que una mancha no puede borrar...
Y mirarla despacio, conversando con vos, es tan grato como comer naranjas después de haber escalado el Himalaya en una tarde de agosto, deese mes estival duro como un adiós...
Reciba, dama esquiva y desconocida, mis felicitaciones desde el Mediterráneo, desde el presente mar que hierve dentro de un desayuno; reciba y acepta mis saludos bailando conmigo dentro de las noches de mar y fuego, para que mis manos la nombren, la acaricien e inventen sus miradas...
Ahora, después de olvidar para que vuelan los pájaros y duermen los gatos, me voy a pasear, incendiado y lleno de esa piel que el mar dibuja cuando un niño muere lejos, sin risas ni pan....
Entraremos siempre en su casa, para que no pueda vencernos el dolor ni los números de hierro, para que todo pueda desconocernos y no duela el agua que nos dibuja eternos...
Valencia, a 12 de febrero de 2004
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Por lobitogabriel - 3 de Junio, 2006, 8:07, Categoría: lecturas
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